Mocoa, Putumayo | EL ESPÍA
Un histórico desalojo pacífico se llevó a cabo en la capital del Putumayo, donde más de 120 familias, entre víctimas del conflicto y damnificados de la tragedia del 2017, abandonaron los predios ocupados en la urbanización Sauces 2, en un procedimiento en el que primó el diálogo sobre la fuerza.
Las familias, acompañadas por autoridades garantes de derechos humanos, trasladaron sus enseres a diferentes puntos de la ciudad, mientras que otro grupo fue conducido a un albergue municipal. El proceso, que se desarrolló durante cinco días, contó con la presencia y mediación del abogado Huaca, quien destacó el carácter excepcional de la jornada:
“Pienso que esto es histórico… un desalojo en el que no hubo necesidad de emplear la fuerza, sino el poder de la palabra y el diálogo.”
Huaca actuó como interlocutor natural, apoyando a más de 360 personas y articulando el entendimiento entre las comunidades y las instituciones. El predio desocupado será destinado para la construcción de 909 viviendas que la UNGRD debe entregar a las familias afectadas por la avalancha del 31 de marzo de 2017.

Sin embargo, los damnificados continúan enfrentando dificultades: muchos dependen de un subsidio de arrendamiento que, según denuncian, se demora hasta seis meses en ser pagado, lo que agrava su situación.
“Nadie nos quiere arrendar en Mocoa porque no podemos cumplir los pagos con esos retrasos del gobierno”, expresaron voceros del asentamiento.
En este contexto, las familias viven hoy en medio de la incertidumbre, sin claridad sobre lo que sucederá mientras avanzan las obras de construcción. Se preguntan cómo subsistirán en medio de la crisis económica, especialmente para completar el pago de sus arriendos y garantizar la alimentación de sus hogares. A ello se suman las dudas frente a posibles incumplimientos del gobierno, razón por la cual exigen celeridad en el inicio y continuidad de las obras, confiando en que esta vez sí se cumpla la promesa de un hogar digno.
El reto ahora recae en la UNGRD y las autoridades locales, quienes deben agilizar el proyecto y garantizar que la construcción siga un proceso transparente y sin interrupciones. Huaca recomendó que los trabajos inicien “lo más pronto posible, sin detenerse, hasta lograr su culminación”, e instó a la administración municipal a ejercer un seguimiento permanente, para asegurar que la comunidad sea la verdadera beneficiaria de este proyecto habitacional.

El desalojo pacífico abre un nuevo capítulo para estas familias, que hoy mantienen firme la expectativa de que por fin llegue el hogar que les fue prometido, mientras enfrentan la incertidumbre del día a día.


