Por: Alexander Africano | EL ESPÍA
La presencia de varias personas portando brazaletes con simbología nazi dentro del Concejo Municipal de Mocoa encendió una alarma inmediata en la ciudadanía. Aunque aún no se sabe quiénes eran ni con qué propósito ingresaron, el solo hecho de que una esvástica apareciera en un recinto institucional es, por sí mismo, una falta grave que demanda respuestas urgentes.
La ausencia de información oficial no reduce la preocupación: la amplifica. La simbología nazi no es decorativa, ni teatral, ni neutra. Representa genocidio, supremacía racial, violencia extrema y destrucción de la dignidad humana. Su uso exige un contexto pedagógico claro, una intención legítima y una supervisión estricta. Nada de eso estuvo presente hoy.
El episodio reveló grietas institucionales que no pueden pasarse por alto. Si en el principal escenario de deliberación pública del municipio puede ingresar, sin filtro ni control, una insignia asociada al odio y al exterminio, surgen preguntas inevitables: ¿qué protocolos existen?, ¿quién autoriza el ingreso?, ¿quién vigila lo que se porta en un recinto oficial?, ¿quién responde cuando se vulnera la integridad simbólica de la institución?
La ciudadanía reaccionó con indignación, incomodidad y confusión. El daño simbólico ya está hecho. Y lo mínimo que debe ocurrir ahora es una respuesta institucional inmediata: un pronunciamiento oficial, una revisión de protocolos y garantías de no repetición. No para perseguir a nadie, sino para proteger la democracia local y la memoria histórica de un territorio marcado por el conflicto.
Mocoa no puede normalizar símbolos de odio. Si lo ocurrido hoy tenía algún propósito pedagógico —cosa que nadie ha explicado—, ese ejercicio debe hacerse con rigor, contexto y supervisión. La institucionalidad debe ser vigilante, y la sociedad, consciente de los límites que jamás deben cruzarse.
Este hecho es una alerta. Una oportunidad para corregir, aprender y fortalecer la ética pública local. La pregunta no es quién estuvo allá adentro; la pregunta es quién responde por salvaguardar la dignidad de nuestras instituciones.
El incidente expuso vacíos institucionales que exigen correctivos urgentes para evitar que el Concejo vuelva a ser escenario de símbolos que hieren la memoria y la convivencia.


